Autor Tema: Hondarribia Flashback  (Leído 4155 veces)

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Hondarribia Flashback
« en: 29 Junio 2010, 10:19:25 »
Hondarribia Flashback
Texto: Jesús Miranda "Sonnyboy"
Fotos: Alex Rodriguez "Alexblues"


La V Edición del Hondarribia Blues Festival está a punto de arrancar. Si 5 ediciones son muchas o pocas, no creo que sea algo que deba decidir yo, un privilegiado que ha tenido la gran suerte de poder asistir a todas las celebradas hasta la fecha. Lo que sí puedo asegurar es que a mí me ha costado más de 5 intentos comenzar con esta retrospectiva, hasta dar con este principio que estás leyendo. Unas veces quizá pecara de elogioso y otras, por el contrario y para compensar, me retraía en demasía a la hora de encomiar los méritos de quién ha hecho posible esta historia y acababa siendo artificialmente neutro y demasiado políticamente correcto. Finalmente, y como casi siempre que de Blues se trata, la mejor opción es la más honesta: contar lo que vieron mis ojos y escucharon mis oídos, que esos nunca me engañan, tal y como lo recuerdo ahora que la criatura camina con paso firme hacia su madurez. Quien ha de decidir lo objetiva que sea mi subjetividad, eres tú, que al dedicar una parte de tu tiempo a leer estas líneas, estás aportando un elemento imprescindible para que el Blues, mejor que peor, siga vivo gracias a eventos como este: tu interés.

Si recalco tanto la importancia del inicio, es precisamente porque emprender una andadura con buen pié es más difícil de lo que parece y en gran medida, de ello depende que finalmente se llegue a buen puerto. Los buenos principios son fundamentales y un buen ejemplo de ello es el Hondarribia Blues Festival, como ahora veremos. Vayamos pues al asunto y dejémonos de rodeos, que el espectáculo está a punto de comenzar y será entonces la música, y no las palabras, la que justificará los muchos o pocos kilómetros que hayamos de recorrer para llegar a ese lugar donde ni las crisis económicas, ni las nerviosas, podrán impedir que disfrutemos nuevamente de momentos inolvidables. Un lugar llamado Hondarribia.


Foto: Paco Gonzalo

La gestación de un sueño

Corría el mes de Febrero de 2006 cuando tuvimos la primera noticia del nacimiento de la “Asociación Musical Blues Hondarribia” y como no podía ser de otra forma, las gentes del Blues, que por aquel entonces comenzábamos a establecer contacto gracias a las nuevas tecnologías, nos congratulamos de que allá donde el Bidasoa establece frontera con Francia, unos locos por esta música del diablo fueran a embarcarse en la incierta travesía de organizar un nuevo festival de Blues.
Loables y ambiciosos eran los objetivos que aquella nueva Asociación se marcó como metas: compartir con el que desconoce una fuente de satisfacción que al desinteresado no molesta, al inquieto enriquece y al inclinado colma de placer, “viceversando” el asunto de tal forma que música y lugar, lugar y música, fuesen factores intercambiables de una ecuación nada matemática, en la que dos y dos, siempre son más de cuatro.
Sin embargo, lo que ni el más optimista esperaba es que dichas metas fuesen a alcanzarse con la pasmosa celeridad que lo han hecho. Tan sólo cuatro años después, cuando estamos a punto de disfrutar de una nueva edición del Hondarribia Blues Festival, retoño engendrado a partir de aquella idea nacida de la pasión y madurada por el buen criterio, es un hecho que el Blues, raíz de la música popular imperante desde mediados del S.XX hasta nuestros días, ya no es un desconocido para los habitantes de la bella Hondarribia ni para los viajeros que, mediando Julio, se acercan desde los más diversos puntos para disfrutar de sus innumerables atractivos.
Por otra parte, Hondarribia no sólo se ha convertido en una parada inexcusable para los amantes del Blues, por ser el lugar en el que se han vivido algunos de los momentos más memorables relacionados con esta música de los últimos años, sino que también se ha situado en el mapa de esta música, como uno de sus referentes a nivel estatal y europeo.


Foto: Paco Gonzalo

Ya sea porque estemos, ya sea porque vengamos, este Festival viene poniendo a nuestra disposición y para nuestro deleite, una selección de los más grandes artistas del Género. En sus escenarios, repartidos por diferentes puntos de la localidad y siempre con carácter gratuito, hemos podido vibrar con la emoción que produce disfrutar en la cercanía de las leyendas vivas de una música que alcanza su máxima expresión en directo. Pero también hemos conocido propuestas inéditas de bandas que nunca antes pisaron tierra al Sur de los Pirineos y que nos han dado una idea de por dónde camina un género que nació hace más de 100 años. Así mismo, los nuevos valores que luchan por mantener viva la llama de esta maravillosa música, con independencia de cuál sea su lengua materna, han tenido cabida en un Festival que se ha consolidado en un tiempo record como cita obligada en el calendario de eventos de este tipo. Y no me cabe la menor duda de que ha sido gracias al riguroso trabajo de la “A.M. Blues Hondarribia” y a la apertura de miras de las instituciones y empresas que creyeron en ella, prestando el imprescindible apoyo para que iniciara y mantuviese su andadura, que aquel anhelo varias veces confesado por los principales artífices del proyecto (Organización, Instituciones y Patrocinadores/Colaboradores) se ha hecho realidad.
Porque señoras y señores, mal hay que andar de la vista para no reconocer que hoy por hoy, decir Blues es decir Hondarribia y decir Hondarribia, es decir Blues.



Ahora, cuando el Hondarribia Blues Festival calienta motores para iniciar la que será su V Edición, quizá sea un buen momento para echar la vista atrás y recordar el camino que nos ha llevado hasta este punto, en el que ni los vientos y ni las mareas imperantes en los difíciles tiempos que corren, han sido capaces de hacer naufragar una nave gobernada con la mano firme del que cree en la idoneidad de su travesía. Al fin y al cabo, el Blues surgió de la dificultad, sobrevivió a tiempos peores que este y siempre lo hizo con la actitud vitalista del que sigue adelante frente a la adversidad. Por tanto, hoy más que nunca, debemos dejarnos contagiar de esta actitud y agradecer el esfuerzo de todos los que hacen posible que podamos disfrutar de una música que, sin duda, es patrimonio de todos.
Los enanos de mi circo, ya me sacan dos cabezas.

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Re:Hondarribia Flashback
« Respuesta #1 en: 29 Junio 2010, 10:21:49 »
I Edición: 14-15 de Julio de 2006

La I Edición del HBF, como cualquier otro proyecto de estas características que inicia su andadura, tuvo que afrontar las dificultades propias de la inexperiencia y la falta de unas directrices previas que marcaran claramente el mejor rumbo a seguir. Todo el camino hubo de andarse por primera vez y aun cuando se tomara como referencia a otros festivales similares, no se disponía de los mismos medios con los que estos contaban en virtud de una larga trayectoria. En esta coyuntura, el instinto y buen juicio de la Organización, qué optimizó al máximo los recursos de los que se disponía y adaptó su proyecto al carácter de la localidad hondarribitarra, fueron fundamentales para que finalmente se alcanzara el éxito que avaló la conveniencia de dar continuidad al proyecto.
 
De hecho, visto con la perspectiva que da el tiempo, aquella I Edición del Hondarribia Blues Festival supone un ejemplo de buen criterio y correcta gestión ya que, con un presupuesto ajustado, se pudo elaborar un programa en el que no solo tuvieron cabida algunos de los músicos punteros del circuito nacional, tanto en versión acústica como eléctrica, sino que se contó además con la participación del que quizá sea el mejor artista internacional con el que se puede contar, cuando de iniciar una aventura que tenga al Blues como protagonista se trata: Bob Margolin. El que fuera guitarrista de la Muddy Waters Band desde 1973 hasta 1980, no sólo demostró por qué es uno de los pilares del Blues de Chicago desde aquella época; también se destapó como un apóstol que predica los valores de esta música y realizó una extraordinaria labor didáctica, participando en todas y cada una de las propuestas que se le sugirieron. Prácticamente desde que hizo su entrada en el Hotel Río Bidasoa, cuando el festival arrancaba con una Fiesta inaugural en la tarde del viernes 14 de Julio, quedó claro que con semejante aliado, mucho deberían torcerse las cosas para que finalmente no pudieran llevarse a buen puerto, los propósitos declarados por el principal responsable del Festival, Carlos Malles, en la presentación que tuvo lugar tan solo una semana antes: «Nuestra intención es que en esta edición Hondarribia respire blues por todos sus rincones (…)  tratar de que disfrute la gente y buscar que en las próximas se consolide como un encuentro de referencia en Euskadi». Y puedo dar fe de que se disfrutó y mucho y de que menos mal que tuvimos Blues para respirar, porque en esos dos días de Julio, la meteorología se sumó a la fiesta obsequiándonos con unas jornadas extraordinariamente soleadas y con un calor ciertamente asfixiante.

De entrada, lo primero que llamó la atención de los entonces pocos aficionados que acudimos a Hondarribia atraídos por el Festival, fue lo bien que podía encajar el Blues, música con larga tradición callejera, en las vistosas plazas y calles de la ciudad. También nos admiró la estratégica ubicación de los distintos escenarios para que, sin forzar la máquina hasta el punto de interferir con otras actividades propias de la temporada estival, a nadie pasase desapercibida la celebración del Festival. Y sobre todo, lo que más gratamente nos sorprendió, fue la extraordinaria amabilidad con la que los hondarribitarras acogieron tanto a los músicos participantes como a los aficionados desplazados. Hondarribitarras que, por otra parte, se mostraron plenamente dispuestos a disfrutar de esa nueva propuesta musical que se realizaba en su localidad.


Fiesta de Presentacion, Hotel Río Bidasoa Foto: Paco Gonzalo

Como ya se ha comentado, los primeros compases en tandas de a doce, se escucharon en el Hotel Río Bidasoa y más concretamente, en el escenario ubicado junto a su piscina. Un escenario que por su probada idoneidad, se ha convertido en el clásico lugar de inicio de casi todas las ediciones que han seguido a aquella primera. Fue el grupo local The Croppers, tristemente desaparecido poco después, el que abrió el fuego para dar paso a la que se ha convertido en tradicional Jam Session inaugural, donde una selección de los músicos que aquel año configuraban el cartel comenzaron a deleitar a los asistentes. Fue allí donde Bob Margolin nos obsequió con un adelanto de su arte junto al guitarrista valenciano Salvador Poquet y a Agustín Vega, por entonces bajista de The Croppers y personaje imprescindible en años posteriores, por ser él quien se encarga de la sonorización de los escenarios más pequeños. Margolin, merecedor del primer “Premio Blueshondarribia”, participó en los distintos combos que fueron sucediéndose y compartió escenario con los madrileños Osi Martinez y Fede Aguado, el ceutí Felix Slim, los valencianos de Nano Blues TríoAitor Cañibano y Jon Kareaga, del grupo bilbaíno Travellin´Brothers y el guitarrista guipuzcoano Alberto Cosgaya. Su carácter abierto y buena disposición, quedaron patentes por un detalle que a todos nos sorprendió: tras una demostración de lo que era capaz de hacer con su preciosa Fender Telecaster de 1952, regresó al escenario para encargarse del bajo pero, eso sí, tras solicitar el pertinente permiso al resto de músicos, en un alarde de sencillez que a todos nos dejó boquiabiertos.


Fiesta de Presentacion, Hotel Río Bidasoa Foto: Paco Gonzalo

Tras la Jam se celebró una cena de hermanamiento amenizada por Felix Slim, músico que a pesar de su juventud interpreta con gran maestría el Delta blues más añejo y palos afines como el Ragtime. Además de por su dominio de la guitarra, sus actuaciones siempre sorprenden por esa voz que parece surgir de los viejos discos de pizarra que nutrían los gramófonos allá por los años 30 del siglo pasado. Su excepcional recreación del mítico Robert Johnson y la forma escalofriante en la que rememora a Skip James, pudieron ser apreciadas poco después cuando, emulando a los bluesmen callejeros, Felix se dejó ver por distintos puntos del paseo marítimo al filo de la medianoche y también al día siguiente, en el escenario Azken Portu. Este escenario se convertiría desde el principio en uno de los puntos calientes del festival, ya que por su privilegiada ubicación al final de la concurrida San Pedro Kalea, constituye un perfecto escaparate para que los muchos viandantes que disfrutan de los ricos pintxos de la gastronomía local, puedan así mismo degustar espectáculos en los que la cercanía del público es ingrediente imprescindible. Los primeros en demostrarlo fueron Fede Aguado & Osi Martínez, dos madrileños curtidos en el cuerpo a cuerpo con el respetable, que con su “Blues del Foro”, inspirado en la más rancia tradición musical del Blues rural pero interpretado en castellano, ganan la complicidad de la audiencia con originales historias llenas de humor e ironía, que a todos resultan cercanas. Fede Aguado, trovador de la realidad urbana y auténtico veterano de la escena bluesera madrileña, y Osi  Martínez, uno de los armonicistas más incendiarios del panorama estatal, fueron los primeros en establecer contacto con ese público al que se quería llegar desde un principio. Es decir, a ese que sin ser aficionado está dispuesto a aficionarse, si lo que se le ofrece resulta grato a sus oídos al tiempo que regocija su ánimo. Y no cabe duda de que lo consiguieron, habida cuenta de la entusiasta reacción mostrada por la nutrida concurrencia que allí se dio cita.

Otro de los lugares que con el paso de los años se ha convertido en punto de encuentro ineludible durante el festival es el Bar Uxoa, que mira hacia Hendaya desde su ubicación en el Paseo Butrón. Allí el Blues de garito, ese que se adereza con humo, sudor y vapores etílicos y nos retrotrae a los tugurios donde por tantos años se desarrolló el estilo, ha tenido su casa desde aquella primera edición. Una casa con vistas, no al Mississippi ni al Lago Michigan, sino al Estuario del Bidasoa, que para el agua que has de beber, lo mismo te va a dar. En aquella primera ocasión fueron Nano Blues Trío, conjunto formado por los guitarristas Nano Mondéjar y Tony Meliá y la vocalista Vicky Trillo, los encargados de acercar el Blues a la barra con un espectáculo en el que se repasaron temas clásicos del Blues eléctrico, desde una perspectiva acústica, en la que resalta sobremanera la calidad vocal de su cantante y la complicidad entre ambos guitarristas. Hacía el final de su actuación y aun cuando no estuviera previsto, la velada se prolongó con una Jam session que nos permitió disfrutar nuevamente de los músicos que ya habían ido finiquitando sus actuaciones de ese día y de algún que otro espontáneo que se sumó al cotarro.


Nano Blues Trío Foto: Paco Gonzalo

La segunda jornada se inició con una sesión de mediodía, en la que se pretendía combinar Blues y aperitivos en un escenario ubicado en el Paseo Butrón. A decir verdad, esta fue la única actividad del programa que no llegó a cuajar, ya que los disuasorios 35ºC alcanzados a esa hora, hicieron que sólo los más fieles, o menos cabales, estuvieran dispuestos a tostarse bajo un sol de justicia para disfrutar nuevamente de Nano Blues Trío y Fede Aguado & Osi Martinez, que no obstante cumplieron sobradamente con su trabajo.


Fede Aguado & Osi Martinez Foto: Paco Gonzalo

Sin embargo, el resto de actividades desarrolladas a lo largo de la tarde,  sí que obtuvieron una respuesta que llegó incluso a superar las expectativas.

Así por ejemplo, el Meet & Greet con Bob Margolin y la subsiguiente Master Class vespertina que impartió en el pabellón acristalado del Hotel Río Bidasoa, despertaron un inusitado interés que hizo que este espacio quedase pequeño para albergar a todos los que se acercaron a disfrutar de la amplia experiencia del guitarrista de Boston. Este, además de cautivar al personal con nuevas demostraciones de lo mucho que se aplicó en aprehender las enseñanzas recibidas del mismísimo Muddy Waters, explicó conceptos básicos del Blues eléctrico desarrollado en Chicago tras la II Guerra Mundial y salpicó la parte instructiva con anécdotas de su época en la banda del Gran Hombre que hicieron las delicias de los asistentes.


Master Class de Bob Margolin / Felix Slim

La labor de dar continuidad a la música y calentar el ambiente, ya de por sí caldeado, hasta la hora de comienzo del concierto principal, recayó en Felix Slim, que despachó lo suyo en el escenario Azken Portu y en la banda logroñesa Dixieño Jazz Band, que con un pasacalles a ritmo del típico sonido de New Orleans, impregnó los alrededores de la Plaza de Santa María Magdalena con el colorido carnavalesco del Mardi Grass. Es indiscutible que el buen ambiente que genera una banda de Dixie, convence al más escéptico para que encamine sus pasos hacia el escenario principal y es por ello que este se ha convertido en otro de los ingredientes imprescindibles del Hondarribia Blues Festival.

Y de esta forma, a base de música en la calle y buenos pintxos regados con cerveza o caldos de la tierra, llegamos por fin al momento culminante del festival. En aquella ocasión, el escenario principal se ubicó en la Plaza de Santa María Magdalena, que si bien al principio parecía que iba a resultar suficientemente amplia, mediada la velada se quedó pequeña frente a la gran afluencia de espectadores que acudieron atraídos por la música.
Abrieron plaza los vizcaínos Travellin´Brothers, que por aquel entonces practicaban un Blues inspirado en los sonidos tejanos de tinte más rockero, con grandes dosis de feelin´ y espectáculo a raudales. Además de destacar la labor de showman que desempeña su cantante Jon Careaga, hay que resaltar sobre todo el sonido a bloque que consigue la banda compuesta por Aitor Cañibano (guitarra), Eneko Cañibano (bajo), Ander Unzaga (teclado) e Isi Redondo (batería). Con un repertorio similar al de su primer disco “A Blues Experience” y la fuerza de su directo, convencieron a propios y extraños y se mostraron como un grupo emergente, que con el tiempo se ha convertido en la mejor banda de R&B de Euskadi y una de las mejores de todo el estado.


Travellin´Brothers

Para cuando apareció Bob Margolin, los allí presentes no querían sino seguir disfrutando de una música, que ya había dejado patente lo injusto de algunos de los tópicos y clichés que se le atribuyen. En honor a la verdad, hay que reconocer que Mr. Margolin se presentó en Hondarribia sin una banda que pudiéramos llamar habitual, pero es que con este hombre es difícil hablar de “banda habitual”, ya que durante las dos últimas décadas se ha dedicado a colaborar, tanto en disco como en giras, con un amplísimo ramillete de artistas del género. En esta ocasión se acompañó de su familia: su hermana Sherry Margolin, afincada en Francia desde principios de los ochenta, se encargó de los teclados, mientras que a la batería se situó el marido de esta, Chief Udoh Essiet, un percusionista Afrobeat que hizo lo que pudo porque desde luego el repertorio no se acercó a su estilo. Sin embargo, el amplísimo conocimiento que Bob Margolin demuestra del Blues de Chicago y el R&B clásico, sumado a la solvencia y absoluta convicción con la que los interpreta, bastó para hacer vibrar a un público que bailó en los temas más movidos y se emocionó en los arrastrados, sobre todo en aquellos en los que el protagonista era el “slide” a la Muddy Waters que Margolin toca como los ángeles, caídos, por supuesto, que para eso al Blues se le consideró siempre música del diablo.


Bob y Sherry Margolin

El colofón lo puso el cuarteto barcelonés The Lazy Jumpers, en justicia, una de las mejores bandas de Blues y R&B que ha dado la ciudad condal en los últimos años, aunque por desgracia, su andadura cesó recientemente. Por fortuna, los niños que ocupaban las primeras filas al inicio de la noche habían marchado a dormir a esas horas, porque de lo contrario, posiblemente hubieran tenido pesadillas tras ver la espectacular puesta en escena de estos hombres, que parecen salidos de un comic de género negro.


The Lazy Jumpers

La armónica súper amplificada de Blas Picón, cantante de planta impresionante, perfectamente arropada por el trabajo al contrabajo de Ivan Kovacevic y de Mario Cobo a la guitarra, nos hizo viajar en el tiempo a aquellos tugurios atestados de humo de los años cuarenta y cincuenta, donde imperaban los tipos duros como ellos y el Blues de sonido eléctrico y letras lacerantes, para poner un broche de oro a aquella noche mágica, que nos hizo albergar las mejores esperanzas sobre el futuro del Hondarribia Blues Festival (continuará...)



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Re:Hondarribia Flashback
« Respuesta #2 en: 01 Julio 2010, 11:11:54 »
II Edición: 13-14 de Julio 2007

Aunque honestamente no crea que esto influyera a la hora de elaborar el programa de la II Edición del Hondarribia Blues Festival, he de señalar que un viernes 13 quizá no sea el mejor día para iniciar un festival con músicos americanos y más cuando estos practican un estilo surgido de una tradición en la que la superstición juega un papel destacado. Mal de ojo, gatos negros, conjuros de toda índole, visiones premonitorias, hechiceros y amuletos, que bien atraen la buena suerte o espantan el mal fario, aparecen con frecuencia en las letras del Blues y aun cuando afirmemos que tales supercherías no van con nosotros, como hacía Howlin´Wolf al cantar el “Ain´t supersticious” de Willie Dixon, de no contar con bastante Raíz de Juan el Conquistador que nos proteja y por si acaso, lo más prudente es dejar que sean los músicos nacidos a este lado del Atlántico los que se suban al escenario en esa fecha, no vaya a ser que al final la tengamos.

Sea como fuere, el caso es que en esta segunda entrega del festival fueron las bandas nacionales las encargadas de dar el pistoletazo de salida a una edición que podríamos definir como de transición. No desde luego porque la calidad musical no alcanzase altos niveles, que los tuvo, sino porque los cambios que se introdujeron en ella fueron decisivos para transitar hacia el formato actual, de mayor duración y configuración bien definida, en la que se combina lo nacional y lo internacional, lo nuevo y lo consagrado, las grandes leyendas y los artistas punteros de la actualidad, procurando siempre sorprender con actuaciones inéditas.


Carpa Escenario La Benta

Así, por ejemplo, fue en 2007 cuando el escenario principal se trasladó desde la Plaza de Santa María Magdalena a su actual ubicación en La Benta, de mayor aforo y especial encanto por hallarse junto a la desembocadura del Bidasoa. Por otro lado, aunque la duración del festival se mantuvo en los dos días originales, la utilización del escenario principal se extendió a ambas jornadas y no a una sólo como en la edición inaugural. Asimismo se instaló un escenario en la Plaza del Obispo, que complementó las actuaciones a pié de calle que siguieron desarrollándose en el escenario Azken Portu. Las actividades en el Bar Uxoa, por su parte, también se ampliaron y a la actuación nocturna del viernes vino a sumarse una Jam Session Fin de Fiesta, en la noche del sábado. Si bien lo condensado de las actividades nos privó de disfrutar de una Fiesta de Bienvenida como la del primer año, este vacío se llenó hasta rebosar con una comida celebrada en el Hotel Río Bidasoa al día siguiente, en la que se pudo disfrutar de la compañía de todos los artistas que conformaban el cartel, se realizó la entrega de los premios que otorga la Organización y se degustaron exquisitos platos además de una buena ración de pentatónicas. Pero, por encima de todo, este segundo capítulo resulta imprescindible para comprender la trama de esta historia porque fue entonces cuando entró en escena un elenco de personajes, sin los que el festival no sería lo que es hoy en día: los aficionados al Blues que se desplazan, cada vez en mayor numero, desde diversos puntos de la geografía peninsular e incluso, insular y que han hecho de Hondarribia su ineludible punto de encuentro.


Pere y Victor Puertas

Como ya se ha comentado, esta II Edición se inició directamente con las actuaciones, siendo The Suitcase Brothers los que abrieron cartel en el escenario Azken Portu. Este dúo catalán, formado por los hermanos Pere y Víctor Puertas, es sin lugar a dudas uno de los que con mayor acierto recrean el binomio guitarra-armónica, al modo en que este se desarrolló en los estados del Viejo Sur de la Costa Este estadounidense, por maestros como Sonny Terry y Brownie Mcghee. Su Blues, inspirado en la mejor tradición rural, no es ajeno a otros palos y sorprendieron al público por el mucho jugo que son capaces de sacarle a sus instrumentos ya que, si Víctor Puertas es uno de los mejores armonicistas nacionales, por no decir el mejor en su terreno, su hermano Pere no le anda a la zaga con las seis cuerdas y es además, un cantante excepcional. En definitiva, ambos demostraron lo bien que aprovecharon sus viajes al estado de Texas en los que, juntos o por separado, militaron en diversas formaciones locales como la de Michael Linder (ex-cantante de la mítica Caledonia Blues Band) y Miss Lavelle White, toda una veterana del Blues tejano, además de coincidir con el prematuramente desaparecido armonicista de Austin, Gary Primich.

Las últimas notas del concierto de The Suitcase Brothers se solaparon con las primeras producidas en el escenario La Benta que, si bien presentaba innegables ventajas en cuanto a espacio y acústica, también contaba con el inconveniente de no hallarse al paso de los numerosos transeúntes que a esas horas suelen recorrer el centro de la villa. Esto hizo necesario llamar su atención y dicha labor fue desempeñada con oficio por la Chicago Botanic Garden. Esta banda local formada a raíz del festival, ofreció una actuación muy digna y cumplió con su objetivo de atraer al personal porque mediada su intervención, el público ya se congregaba en buen número bajo la carpa instalada al final del paseo Butrón. A pesar de que los propios componentes de este power-trio reconocen no practicar un Blues, llamemos ortodoxo, como deudores de este género que se sienten, se aproximaron a él desde el más absoluto respeto y cuajaron una buena faena en la que el Rock de raíz bluesera fue el protagonista. En definitiva, ejecutaron la misión encomendada a la perfección y así hay que decirlo. Bien por ellos.

Tras este aperitivo se sirvieron los platos fuertes de la primera jornada, comenzando por Mingo & The Blues Intruders. Esta banda sevillana echó por tierra el tópico que asocia Blues con tristeza con su espectáculo pleno de ritmo y energía. Grandes, pequeños y medianos pudimos disfrutar de un buen rato de West Coast Blues muy bailable, salpimentado con las justas dosis de Chicago Blues clásico y una pizca de Blues de Texas. Todo ello con una elegante puesta en escena, porque la elegancia es una de las señas de identidad de estos hispalenses, liderados por un Mingo Balaguer que demostró nuevamente por qué es uno de los armonicistas básicos del Blues nacional y sorprendió por la eficacia con la que cumple su faceta de cantante. Quique Bonal, preciso y gustoso en todas sus intervenciones con la guitarra, dio siempre la réplica adecuada al maestro del “Mississippi Saxophone” y ambos fueron arropados por una sección rítmica simplemente perfecta, formada por Fernando Torres al bajo y Juan de la Oliva a la batería. Resumiendo, un gran show que en nada desmerece a las bandas que nos llegan desde el otro lado del Atlántico, practicando este estilo surgido a orillas del Pacífico y que compendia las distintas raíces del Blues eléctrico de posguerra con un swing irresistible.


Mingo & The Blues Intruders

Si Mingo Balaguer es todo un veterano, los muchachos de Travellin´Brothers encabezan la nueva hornada de músicos surgidos en la estela de este y otros pioneros del Blues hispano. En esta su segunda participación en el Hondarribia Blues Festival, pudimos comprobar cómo los bilbaínos mantenían ese directo contundente, pero en absoluto ruidoso, que los ha convertido en la banda de Rhythm & Blues por antonomasia en Euskadi y en una de las bandas punteras de todo el estado. En esta ocasión, repasaron los temas de su por entonces recién parido segundo disco, “From the Road”, en el que la inclusión de la sección de vientos que encabeza Alain Sancho, le aporta a la banda un nuevo carácter que la aleja de su raíz rockera y la aproxima al Jump Blues y al R&B más bailable. Si bien todo el concierto rayó a una altura espectacular, destacaron especialmente los dos temas en los que invitaron a sus predecesores en el escenario: un Blues arrastrado en el que las guitarras de Aitor Cañibano y Quique Bonal dialogaron, se cruzaron y conmovieron por lo bajo y un tema movido con Mingo Balaguer soplando de forma arrolladora, que elevó al respetable lo bastante como para que viera lo qué hay más allá de Irún. Y por supuesto, no faltó ese “Hoochie Coochie Man” que cantan como sólo pueden cantarlo unos tipos que nacen donde quieren, que para eso son de donde son. Nuevamente el sonido “a bloque” de estos hermanos viajeros vino a demostrar que en el Blues, la fuerza del conjunto  consigue más siempre que las individualidades, por muy virtuosas y pirotécnicas que estas sean.


Travellin´Brothers

Antes incluso de que se diera por concluida la jornada en el escenario La Benta, Txus Blues y José Bluefingers habían comenzado a despachar su espectáculo en el Bar Uxoa, frente a un público poco propenso a prestar a esas horas demasiada atención a las cuidadas y humorísticas letras de este dúo catalán, estandarte de lo que se ha venido en denominar “Blues de la Comedia”. A pesar de ello, este par de elementos de cuidado se entregaron con la profesionalidad que les caracteriza y demostraron que sus ingeniosas letras en castellano, cargadas de ironía y retranca, no son lo único que tienen que ofrecer. Las virguerías que Txus Blues realiza al soplo de sus sempiternas armónicas Lee Oskar, no están al alcance de cualquiera y por su parte, Jose Bluefingers se muestra en cada actuación como un guitarrista sólido, capaz de llevar a terrenos pentatónicos casi cualquier tipo de canción. Esta pareja de hecho, porque para eso son dos, no se limitan a combinar verborrea talentosa y virtuosismo instrumental y también sorprenden con recursos espectaculares cuando cierran su show al son de una “Armónica Lewinski” en la que Txus Blues acaba soplando con las manos en la nuca, como en sus tiempos hacía el gran Sonny Boy Williamson II. Por fortuna, su actuación del día siguiente en el escenario Azken Portu, al aire libre y en horario más adecuado para este tipo de propuestas, sí obtuvo la buena acogida de un público que lo pasó en grande y sirvió para compensarles del cierto el sabor agridulce de su presentación (continúa...)
« última modificación: 02 Julio 2010, 09:40:48 por Sonnyboy »
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Re:Hondarribia Flashback
« Respuesta #3 en: 01 Julio 2010, 11:46:00 »
El sábado amaneció con el mismo tiempo radiante de sol y calor del día anterior, lo que favoreció el desarrollo de una agenda repleta de actividades, que se inició en el Hotel Rio Bidasoa con una comida fraternal amenizada por The Suitcase Brothers y a la que no faltó ninguno de los integrantes del cartel, pues hasta Bob Margolin pudo llegar a los postres. Un centenar aproximado de afortunados pudieron comprobar en la cercanía lo afable y asequible del carácter de Hubert Sumlin y Willie “Big Eyes” Smith, dos figuras tan risueñas como legendarias, así como de la simpatía de Janiva Magness, probablemente la voz femenina más impresionante de las que han surgido en los últimos años dentro del género.
Tras la entrega del Premio “Diario Vasco” a Travellin´ Brothers como mejor banda de Blues de Euskadi, llegó el momento de homenajear a Hubert Sumlin que recogió de manos del alcalde de Hondarribia, Aitor Kerejeta, el “Premio Blueshondarribia” en reconocimiento a toda una carrera dedicada al Blues. Una carrera que, cuenta la leyenda, comenzó cuando teniendo 10 años se subió a una pila de cajas para poder ver tocar a Howlin’ Wolf, a través de la ventana del local donde este actuaba y quiso la fortuna que cayera por ella hasta los pies del gran bluesman. Este intercedió primero ante el dueño del local, para que le permitiera quedarse junto al escenario y después ante la madre de Sumlin, para que no le castigara. Aquel encuentro marcó para siempre su destino, pues catorce años más tarde ingresaría en la banda de Wolf, que se convertiría en su mentor, maestro y padre adoptivo. Molesto porque al principio la guitarra de Sumlin sonaba por encima de su voz, Wolf le sugirió sin demasiadas sutilezas que se olvidase de las púas y aprendiese a tocar con los dedos si quería mantener su puesto. Herido en su amor propio, Hubert se esforzó en contentar a su jefe y así es como desarrolló ese personalísimo estilo que tanto ha influido en toda una generación de guitarristas, entre los que se encuentran Eric Clapton y Keith Richards. El bueno de Sumlin, se mostró visiblemente agradecido por el premio y las patentes muestras de cariño recibidas de los presentes, que se rindieron ante este entrañable hombre que a sus 75 años y tras haber sufrido serios problemas de salud, es todo vitalidad y buen talante.


Hubert Sumlin / Travellin´Brothers

Después, Travellin´Brothers demostraron nuevamente lo merecido del galardón recibido y la sobremesa se prolongó con una improvisada Jam por la que desfilaron prácticamente todos los músicos nacionales allí presentes y en la que se alcanzaron momentos de notabilísimo nivel. Y así, casi sin solución de continuidad, se llegó a otro de los momentos esperados del día: una Master class impartida por Bob Margolin al que en esta ocasión auxiliaría nada menos que Willie “Big Eyes” Smith. Este protagonizaría una escena previa, que difícilmente olvidaran todos aquellos que tuvieron la gran suerte de contemplarla: desde una de las ventanas de la primera planta del hotel, el que fuera batería de Muddy Waters en los periodos 1961-1964 y 1968-1980, soplaba ensimismado una tonada con su armónica, con una profundidad y economía de notas escalofriante. Smith, natural de Helena, Arkansas (1.936) y por tanto, criado en una de las zonas claves de la región del Delta, tuvo la oportunidad de conocer a los más grandes bluesmen que recorrían esta zona durante su infancia y adolescencia y ya desde entonces comenzó a empaparse de una música que, como pudimos comprobar, genera de forma espontánea.


Público Master Class

De la Master Class, lo primero sería destacar la masiva afluencia de público, que abarrotó e incluso superó por momentos la capacidad del pabellón acristalado del Hotel Río Bidasoa. En esta ocasión, Bob Margolin utilizó una flamante Gibson Les Paul “Gold Top” para evocar los sonidos más añejos del Chicago Blues, porque no olvidemos que este es un apóstol que predica de palabra y sobre todo, de obra. Ayudado por la armónica de Willie “Big Eyes” Smith, profundizó en sus explicaciones sobre el lenguaje del Blues, desarrollando conceptos como el "backbeat" y la alternancia de llamadas y respuestas. Además de interpretar algunos clásicos del repertorio de Muddy Waters (“Long distance call”, “She´s nineteen years old”) no faltó la esperada ración de anécdotas, que en esta ocasión versaron sobre los primeros tiempos que Margolin pasó en su banda y la tremenda impresión que este le causó.


Willie "Big Eyes"Smith & Bob Margolin

El cantante y armonicista francés Nico Wayne Toussaint fue el encargado de inaugurar el escenario de la Plaza del Obispo, un lugar que compensa su complicada acústica con su privilegiada ubicación dentro del casco antiguo. Al frente de su cuarteto, el de Toulón demostró por qué es uno de los músicos europeos mejor considerados en Estados Unidos, país con el que le une una estrecha relación y donde ha podido compartir escenario con músicos de la talla de Jimmy Johnson, R.J. Mischo, Billy Branch, Luther Allison, Eddy C. Campbell, Cash Mc Call y Willy Kent. Cantante entregado, destaca sobre todo como armonicista de grueso tono y recursos variados, que no duda en rememorar al que, como él mismo confiesa, es su máxima inspiración en el mundo del Blues: James Cotton.


Nico Wayne Toussaint

Y así llegó la hora de disfrutar en el escenario La Benta del trío  Sumlin-Smith-Margolin. No obstante, la experiencia de lo ocurrido el día anterior hizo necesario improvisar un aliciente que atrajese al público hacia la carpa, labor que recayó en unos Suitcase Brothers siempre dispuestos a ofrecer el género que guardan en su maletín. Entre ellos y los riojanos de Dixieño Jazz Band , que repetían pasacalles a ritmo de Nueva Orleans, caldearon el ambiente de manera que para cuando los americanos entraron en escena, fueron recibidos por un nutrido público que los ovacionó como merecen. A la terna de grandes maestros se sumó el contrabajista valenciano Paco Rubiales, al que no le pudo la responsabilidad y demostró por qué se le considera como uno de los músicos con más amplio conocimiento del estilo, además de un fuera de serie manejando su instrumento. El espectáculo comenzó con unos temas interpretados por Bob Margolin y “Big Eyes” Smith, que incluyeron el archiconocido “Juke” de Little Walter, que Smith tocó sentado tras la batería.


Willie“Big Eyes” Smith

Cuando Hubert Sumlin subió a un tren que ya caminaba a buen paso, este exoerimentó una aceleración que lo lanzó a seguir un recorrido por los clásicos que Muddy Waters y Howlin´Wolf grabaron en la mítica compañía Chess, para deleite de los aficionados que   conocieron gracias a estos discos, el sonido surgido en el South Side de Chicago en el paso de los años 40 a los 50: una época crucial en la gestación del Rock & Roll. La misma vitalidad de la que Hubert Sumlin hizo gala durante la comida, se hizo patente durante su participación en escena: con la guitarra dio buena muestra de ese estilo saltarín y juguetón tan característico y con la voz estuvo infinitamente mejor de lo que muchos esperaban, pues no es ningún secreto que ese nunca fue su fuerte. No faltaron “My baby”, “Rockin daddy” y “Killing floor”, temas habituales de su repertorio y a pesar de que rompió una cuerda de su Gibson Les Paul “Gold top”, que tuvo que cambiar él mismo, esto no interfirió demasiado en el desarrollo del concierto, porque ahí estuvo Bob Margolin para desempeñar con su habitual eficacia el papel de “bandleader" y tomó el timón de la nave para guiarla cerca de la orilla, de modo que el venerable Hubert pudiera subir de nuevo a ella en cuanto estuviera preparado. Y es que el bostoniano fue la correa de transmisión entre el resto de los músicos de la banda, demostrando nuevamente ser uno de los músicos más grandes del género y probablemente, el que más arraigado tiene el espíritu del blues de Chicago de todos los blancos que han practicado este estilo. En resumen, un recital pleno de emoción y sobre todo, de Blues del bueno.


Hubert Sumlin

Si bien Janiva Magness llegara a Hondarribia avalada por sus cuatro nominaciones consecutivas a los Blues Music Awards como “Mejor intérprete femenina de Blues contemporáneo” (resultó ganadora en 2006 y 2007), además de por el elogio unánime de la prensa especializada, los halagos de compañeros de la talla de Charlie Musselwhite y por el hecho de que su último disco “Do I Move You?”, fuera el más radiado por las emisoras de Blues de 2006 según la revista “Living Blues”, pocos sabían a ciencia cierta de la magnitud del huracán al que se expondrían cuando esta mujer pisara el escenario La Benta. Transcurrida la hora y media del concierto que suponía su presentación en España, lo raro era encontrar a alguien a quien ese ciclón vestido de blanco hubiese dejado indiferente, con su espectáculo pleno de poderío y fuerza sin tregua, en el que también afloró alguna que otra lágrima con el Blues más profundo y el Soul más conmovedor. La picardía, cuando no directamente la  sensualidad más caliente, estuvo por supuesto muy presente, sobre todo cuando Bob Margolin subió hacia mitad de la actuación para acompañarla en algunos temas, como un provocativo “Good Morning Little School Girl”, original de John Lee “Sonnyboy” Williamson. Muy compenetrada con los músicos de su banda, a los que dio suficiente cancha para su lucimiento, con Margolin destacó por la estrecha complicidad que se percibió entre ellos y que procede de la buena relación de amistad que les une.


Janiva Magness & Bob Margolin

Pero si por algo sobresale Janiva, es por la manera en que hace suyas las canciones. No se limita a cantarlas, sino que las vive e interpreta, en el amplio sentido de la palabra, de forma tan intensa que mantiene al público al borde del escalofrío en los temas más emotivos, como se puedo comprobar cuando interpretó con voz desgarradora “You were never mine”, original de Delbert McClinton, mientras su figura quedaba enmarcada por la iluminación azulada del escenario. En definitiva, la Magness se mostró como un fenómeno de la naturaleza que difícilmente desaparecerá del recuerdo de los allí presentes, por su sonoro nombre, su arrolladora imagen y sobre todo, su magnífica voz y su potencia escénica.


Janiva Magness

El punto y final de aquella II Edición se puso en el Bar Uxoa con una  Jam “Fin de Fiesta” coordinada por Nico Wayne Toussaint y en la que, con un ambiente extraordinario, se pudo disfrutar nuevamente de algunos de los artistas del cartel, destacando la participación de Mingo Balaguer, Fernando Torres, Txus Blues, Jose Bluefingers, los hermanos Puertas, el gran Paco Rubiales, además del guitarrista y el baterista de la banda de Janiva Magness, que debe ser que se quedaron con ganas.

Claro que para ganas, las que nada más concluir todo aquello asaltaron a todo el mundo por que pasara cuanto antes el año que nos separaba de la siguiente edición del Hondarribia Blues Festival, que será objeto del siguiente capítulo de esta retrospectiva (continuará...)
Los enanos de mi circo, ya me sacan dos cabezas.

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Re:Hondarribia Flashback
« Respuesta #4 en: 03 Julio 2010, 11:52:12 »
III Edición: 18-20 Julio de 2008

Si la buena acogida que tuvo la primera edición del festival sirvió para que Instituciones y Empresas creyeran en la continuidad del proyecto, el gran éxito cosechado por la segunda no hizo sino corroborar lo acertado de esta decisión y permitió recabar el apoyo de nuevos patrocinadores como Mahou, con lo que la III Edición experimentó un crecimiento cuantitativo y cualitativo, que vino a suponer el ascenso del Hondarribia Blues Festival a la división en la que juegan los festivales de trayectoria mucho más dilatada en el tiempo.

Lo cuidado de un cartel formado en esta ocasión por 12 bandas, 5 de ellas internacionales, que se complementó con interesantes actividades paralelas, atrajo a la localidad guipuzcoana a numerosos aficionados llegados desde distintos puntos del país, entre los que cabe destacar a una nutrida representación de la Societat de Blues de Barcelona, asociación pionera en el fomento y difusión del género. Así mismo, se contó con la presencia de Jay Sieleman, presidente de la Blues Foundation de Memphis, principal institución que vela por el sostenimiento de este estilo a nivel mundial, en lo que podemos considerar un órdago por parte de la organización para situar a Hondarribia en el mapa internacional de Festivales de Blues. Una apuesta que se saldó con resultados más que satisfactorios ya que Sieleman confesó que se llevaba una “muy buena impresión” de lo que había visto. Por su parte, el primer edil del municipio, Aitor Kerejeta, en una rueda de prensa posterior al evento declaró que “La tercera edición del Hondarribia Blues Festival ha sido un gran éxito, con la asistencia de más de 25.000 espectadores que llenaron todos los escenarios entre el jueves y el domingo pasados y sin que se haya registrado ningún tipo de incidente (…) Creo que los hondarribiarras, nuestros hosteleros y quienes nos han visitado estos días nos hemos llevado una gran impresión de este festival, un año más”  y reiteró su intención de seguir trabajando junto al director del mismo, Carlos Malles, para que este se convirtiera en “uno de los eventos punteros en el mundo”.

Pero lo mejor será relatar los sucesos tal y como se produjeron en aquellos días, en los que la meteorología se puso nuevamente de nuestra parte para que disfrutásemos plenamente del ambiente festivo y fraternal que se respira en ese extraordinario marco que es Hondarribia, durante su Festival de Blues.


Cartel y Jam Session Inaugural

Aunque el cartel oficial del festival indicara que este se desarrollaría entre los días 18 y 20 de Julio, lo cierto es que todo comenzó un día antes con la Fiesta de Presentación que se celebró en el Hotel Río Bidasoa y en la que se produjo el esperado reencuentro de los aficionados, que no faltaron a su cita con el Blues en la histórica villa de Hondarribia. Este acto, al que también asistieron los artistas programados para la primera jornada, Paul Lamb & The Kingsnakes (UK) y Zac Harmon (USA), fue el sabroso entrante que precedió al copioso banquete que se serviría en los siguientes tres días y estuvo amenizado por el frenético ritmo del Boogie-woogie que tan bien ejecutan los muchachos del David Giorgelli Trío. El joven pianista barcelonés sería el auténtico “comodín” de esta edición, ya que siempre que fue preciso estuvo ahí y nunca perdió la oportunidad de demostrar su buen hacer con las 88 teclas en todos los actos en los que participó, como cuando coordinó la Jam session inaugural junto con sus compañeros, Lluis Salvador al contrabajo y Reginald Vilardell, uno de los baterías más activos de la ciudad condal.
Esta no tardó en calentarse cuando Zac Harmon subió a escena para adelantar unas pinceladas de lo que sería su actuación del día siguiente y a decir verdad, dejó tan impresionado al lrespetable, que una vez finalizada su intervención fue bastante difícil encontrar guitarristas dispuestos a tomar el relevo. Sin embargo, ahí estaba un todo terreno al que le sobran bemoles para eso y para más, como es Rodrigo Villar. El baterista de Tota Blues Band no desaprovechó la oportunidad de reivindicarse como guitarrista y cantante, labores que compagina con su faceta de contrabajista, y junto con sus compañeros de banda Jaime Julian al bajo, Martin J. Merino a la guitarra, Miriam Aparicio al piano y el propio Tota a la armónica, recondujeron la Jam por derroteros más asequibles para los aficionados que quisieron participar.

Como novedad, no fueron guitarras y armónicas lo primero que sonaron en el concierto inaugural del escenario Azken Portu, pues la labor de abrir el programa recayó nuevamente en el David Giorgelli Trío. Con su recién editado disco “Rambling with my Boogie” bajo el brazo, los catalanes demostraron su amplio dominio de ese antecedente fundamental del Rhythm & Blues y Rock & Roll clásico que es el Boogie Woogie, alternando versiones de los músicos que inspiraron a David desde su todavía más tierna juventud (Memphis Slim, Jay McShann, Pinetop Smith, Cow Cow Davenport…) con temas originales entre los que destacó un conmovedor “Ale´s Blues” que es de lo mejorcito que se ha compuesto en esta línea en los últimos años. El bueno de Giorgelli, bien arropado por Salvador y Vilardell, demostró la buena salud de la que goza la inagotable cantera catalana de pianistas y despertó la admiración de Jay Sieleman que, sin dudarlo un momento, afirmó que este era un artista que podría competir sin problema en la “International Blues Challenge” que anualmente organiza la Blues Foundation que él preside. Todo un piropo, viniendo de quien vino.


David Giorgelli Trío

Entre las mejoras introducidas con respecto a la edición anterior, destacaron la ampliación del escenario La Benta, al que se dotó de unas barras en sus aledaños, cosa lógica siendo Mahou la marca patrocinadora, y la instalación de sendas pantallas por las que seguir al detalle los conciertos celebrados en este espacio. El honor de aparecer por primera vez en las mismas correspondió a los madrileños The Forty Nighters, conjunto surgido de la pasión por el Blues que alguno de sus miembros mamó desde su más tierna infancia y otros encontraron en su búsqueda de las raíces del Rock & Roll, pero que a todos enganchó por igual. Muy conscientes de la responsabilidad, Alvaro Leal (guitarra y voz), Paco Gonzalo (guitarra), Héctor Martínez (armónica), Sergio Valdehíta (teclados), Chema Contreras (bajo) y Carlos Sánchez (batería), defendieron con valentía y coraje un repertorio de clásicos del Blues como “Dimples”, “The Sky is crying”, “Born in Chicago” y “Key to the Highway”, dotándolos de una intensidad no exenta de espectáculo y regusto a periferia Sur madrileña. Sin duda, aquella experiencia contribuyó decisivamente a que dieran el “estirón” que les ha llevado a convertirse en una de las bandas más activas del circuito y a que, siendo fieles a la máxima por la que se rigen, “Tocar Blues y llevarlo hasta allá donde les dejen”, recientemente recorrieran media Europa actuando en diversos garitos blueseros de Alemania, Bélgica, Holanda y Luxemburgo, para cerrar gira precisamente en Hondarribia.


The Forty Nighters

El que no es precisamente un recién llegado al negocio de la música, aunque sí un nuevo valor dentro del mundo del Blues es Zac Harmon. Nacido y crecido en Jackson, capital del estado de Mississippi, las principales influencias musicales de su juventud fueron el Gospel, que escuchaba en la Iglesia, y el Blues que se colaba en la farmacia de su padre (primera que un afroamericano regentaba en toda la ciudad) gracias a los músicos que pasaban por ella y que representaban la mejor tradición musical de Farish Street, hogar del gran Elmore James y centro neurálgico del Blues de esta ciudad. Sin embargo, Harmon no se dedicaría plenamente a este estilo hasta hace relativamente poco tiempo, ya que tras una larga carrera como compositor, arreglista y músico de estudio en Los Angeles, decidió regresar a sus raíces en 2002, cuando editó su primer álbum “Live at Babe & Ricky's Inn”.


Zac Harmon Band

Desde entonces no ha hecho sino recibir galardones que lo distinguen como uno de los mejores nuevos artistas que han irrumpido en la escena bluesera internacional (Ganador de la “Internacional Blues Challenge en 2004 y del “Blues Music Award” al mejor artista revelación en 2006) y en su presentación en el escenario La Benta, no hizo sino corroborar sus méritos. Combinando potentes sonidos contemporáneos con lo mejor de la tradición sureña, Zac se revela como un guitarrista a veces contundente, a veces aterciopelado, y como un gran cantante que domina a la perfección el tempo del espectáculo y sabe ganarse al público menos bluesero, con guiños como ese “No Woman, No Cry” de Bob Marley que introdujo a mitad de su actuación. A pesar de que el armonicista Jeff Stone causara baja a última hora y eso nos privase de una buena dosis de espectáculo, el conjunto no se resintió en demasía gracias a la buena compenetración de la banda Formada por BR Millon a la segunda guitarra, Lavell Jones a la batería y un soberbio Mr.Buthel al bajo. Entre los temas de su disco más reciente “The Blues According to Zacariah”, que fue sobre los que Zac y sus hombres cimentaron su show, cabría destacar su particular versión del “Mannish Boy” con la que alcanzaron uno de los momentos álgidos una actuación que podríamos catalogar de gran nivel.


BR Millon (izq) y Zac Harmon (dcha)

La guinda de la noche la pusieron Paul Lamb & The Kingsnakes, unos británicos paradójicamente muy alejados del denominado “British Blues” porque, como afirma el propio Lamb, lo suyo es “The Real Blues”. Esto es, una miscelánea de estilos que comparten la profundidad con la que hunden sus raíces en la tradición americana de esta música y que interpretan con grandes dosis de espectáculo. En esta ocasión, The Kingsnakes fueron los ya veteranos en la banda Chad Strenz (guitarra y voz), Sonny Below (batería) y Rod Demick (bajo) a los que se sumó la guitarra solista de la última incorporación a la banda, Paul Lamb Jr. Como es normal en ellos, sonaron compactos y con empaque y enriquecieron con sus aportaciones un espectáculo en el que Lamb senior se mostró entregado y deseoso de agradar.


Paul Lamb & The Kingsnakes

Con sus diabluras al soplo, Paul Lamb demostró con creces que es uno de los maestros contemporáneos de la armónica, además de evidenciar su amplio dominio de los grandes maestros, que combina sin perder un ápice de su personalidad. Brilló especialmente cuando se sobró atacando uno de los pilares básicos de su estilo: Sonny Terry. Estuvo intenso y escalofriante al tomar la armónica cromática, con la que es todo un fuera de serie, para interpretar un Blues arrastrado especialmente emotivo con el que conmovió al mismo público que momentos después lo tachaba de endemoniado porque cuando se bajó del escenario, lo hizo para perderse entre la gente y dar un largo paseo del que regresó sin haber obviado una sola nota de su solo. Solo que, por otro lado, hubo que recomponer entre todos ya que se bajó sin micrófono y cada uno recibió solo una parte.
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Re:Hondarribia Flashback
« Respuesta #5 en: 03 Julio 2010, 12:32:51 »
Las actividades del sábado comenzaron con un concierto pedagógico para los más pequeños que impartieron los miembros de la Mac Jeara´s Dixie Band, un colectivo de músicos que indaga en las raíces de la música afroamericana y practica géneros afines como Dixieland, Swing, Gospel y, por supuesto, Blues al estilo de las “brass-bands” típicas de la Nueva Orleans de finales del S.XIX y comienzos del XX. Además de realizar esta labor didáctica, los donostiarras se mostraron esa misma tarde en el escenario de la Plaza del Obispo con una actuación para todos los públicos y al día siguiente en el preceptivo pasacalle vespertino por el centro de la villa.

De la comida con los artistas, celebrada en esta ocasión en el Restaurante Ardora, lo más destacable sería la gran afluencia de comensales que hizo que aquello pareciese por momentos un banquete de boda, en el que en lugar de marchas nupciales sonaron boogies y blueses a cargo de un David Giorgelli auxiliado a lo largo de la sobremesa por la gente de Tota Blues Band y algún que otro músico no programado en el cartel. Aunque estaba previsto que James Cotton asistiera a este acto, en el que se le haría entrega del “Premio Blueshondarribia” en reconocimiento a toda su carrera, finalmente hubo de posponer este homenaje puesto que “Mr. Superharp” declinó la invitación alegando motivos de salud y prefirió guardar fuerzas para su actuación nocturna. Fue Jay Sieleman, Presidente de la Blues Foundation de Memphis, quien rellenó el hueco dirigiendo unas palabras a la concurrencia, en las que manifestó lo agradablemente sorprendido que estaba de la buena organización y gran ambiente que se respiraba en este festival y auguró un gran futuro para el mismo, aparte de mostrarse dispuesto a colaborar en lo que estuviese en su mano para contribuir a ello.


Carlos Malles con Jay Sieleman

Sin apenas tiempo de reposar la comida, la jornada de tarde se inició en la Casa Zuloaga, edificio emblemático del casco histórico de Hondarribia que alberga el Archivo Histórico y la Biblioteca Municipal, con la Charla “El Blues y La Novela Negra”, que impartió Manuel Lopez Poy, auténtico estudioso, a la par que entusiasta, de ambos géneros. Ante el nutrido auditorio que perdonó la siesta para empaparse de historias que rezuman romanticismo canalla, Lopez Poy fue desgranando historiales delictivos, fichas policiales, encontronazos con la ley, fugas de película, peleas a navajazos y peripecias rocambolescas protagonizadas por personajes como Pete Wheatstraw (El Sobrino del Diablo), Leadbelly, Bukka White y otros míticos bluesmen que por sus actividades, su carácter o simplemente su color de piel, tuvieron no pocos problemas con la justicia. Asimismo se repasó a aquellos autores que han dirigido su atención tanto al Blues como a la realidad social que lo engendró y se comentaron algunos títulos del género más significativos en este aspecto, como “El Blues de los Sueños Rotos” de Walter Mosley o “El Blues de la Ciudad Inverosímil” del catalán Andreu Martin.
Sin duda, la inclusión de actividades de este tipo es sumamente deseable, ya que profundizan en aspectos que pasan desapercibidos si nos ceñimos a lo meramente musical y favorecen el acceso al Blues al mejorar la comprensión de sus orígenes y motivos. Lástima que el suspense acerca de quién iba a poner el contrapunto musical a las palabras del escritor gallego afincado en Barcelona apenas se mantuviese porque, efectivamente, tras el piano estaba...David Giorgelli.

Tampoco fue largo el intervalo de tiempo transcurrido entre el final de esta charla y el comienzo de los conciertos callejeros de la tarde, hábilmente programados para que el paseante ocasional no tuviera escapatoria. Como ya se ha dicho, en el escenario Mahou de la Plaza del Obispo se pudo disfrutar de Mac Jeara´s Dixie Band mientras que en la parte baja de la localidad, concretamente en el escenario “Diario Vasco” ubicado en Plaza de Santa María Magdalena, fueron los vizcaínos Botxo Boogies los encargados de animar el cotarro. Este cuarteto formado por experimentados músicos bilbaínos puso de manifiesto su gusto por el Swing, Jump y Rhythm & Blues de los años 40-50 y durante su actuación, los maestros del blues clásico dejaron paso a grandes de otros estilos como Louis Prima, Henry Mancini, Louis Jordan e incluso, Brian Setzer, mítico guitarrista de los Stray Cats que se ha convertido en todo un abanderado en la recuperación y revisión de estos géneros en el S.XXI.


Los Fabulosos Blueshakers

El plato fuerte del día comenzaron a servirlo en La Benta Los Fabulosos Blueshakers, quizá el principal exponente del Blues de Poniente que nos llega desde Levante. Porque desde luego no hay duda de que el West Coast Blues es el palo que mejor defienden estos valencianos encabezados por el guitarrista y cantante Peter Gun, al que secundan Harmonica George (armónica), Oscar Alcaraz (batería) y el que participó como contrabajista del trío Sumlin-Smith-Margolin en la edición de 2007, Paco Rubiales. A pesar de la gran responsabilidad que supuso para ellos salir justo antes del cabeza de cartel, James Cotton, no se arredraron en absoluto y desarrollaron un espectáculo en el que la obtención de un sonido genuino es objetivo fundamental. Con su música, Los Fabulosos Blueshakers rememoraron a aquella generación de músicos blancos encabezada por William Clarke, Rod Piazza, Hollywood Fats y Junior Watson, que tanto reivindicaron a los pioneros del estilo surgido en California en los años de posteriores a la II Guerra Mundial, como T-Bone Walker, Johnny Guitar Watson, George Harmonica Smith y tantos otros, porque en la vida no todo va a ser Chicago Blues.

Si la aparición de una gran leyenda del Blues suele venir precedida por una introducción a cargo de la banda que le acompaña, el caso de James Cotton no fue la excepción, afortunadamente. Y se ha de recalcar lo de afortunadamente, porque sería interminable la lista de halagos, piropos, elogios y alabanzas con los que se podría describir el nivel musical de los cuatro hombres que acompañaron al mítico armonicista de Tunica, Mississippi. En primer lugar, la sección rítmica formada por Noel Neal al bajo y su sobrino Kenny Neal Jr. a la batería, se mostró contundente y arrolladora como un tren de mercancías y en sus intervenciones en solitario demostraron estar sobrados de facultades, lo que no es de extrañar perteneciendo como pertenecen a la saga de músicos encabezada por el gran bluesman de Louisiana Raful Neal, del que son hijo y nieto respectivamente, y de la que quizá el miembro más famoso sea Kenny Neal, hermano y padre de los susodichos. Sin duda, Noel fue de los dos el que más ovaciones arrancó con sus incendiarios solos repletos de funk, en los que hasta tuvo el detalle de recordar a Jimi Hendrix y su “Voodo Chile” para delirio de muchos.


Tom Holland

Muy destacable fue asimismo el trabajo del guitarrista Tom Holland, el único no afroamericano de la banda, que se mostró como un eficaz guitarrista rítmico y no perdió la oportunidad de lucir en sus intervenciones como solista, así como en los temas en los que cantó. Pero si alguien descolló por encima de todos, ese fue Slam Allen. Este tremendo cantante y guitarrista dejó obnubilado al público por la brutal forma en la que emuló al gran B.B. King, al que evoca tanto en la parte instrumental como vocal, con un convencimiento y entrega solo comparable a lo descomunal de su presencia física. Intrigados por saber de dónde había salido tamaño personaje, supimos con posterioridad que el bueno de Allen llevaba cerca de 20 años recorriendo los vestigios del Chitlin´Circuit, que por tantos años recorrieron los instigadores del Soul-blues sureño que inspiran su estilo. Sin embargo, su registro va más allá y de ello dejó pruebas cuando interpretó, para sorpresa de todos, una escalofriante versión de “Purple rain”, original de ese artista que, se llame como se llame, todos conocemos por Prince. Sin lugar a dudas, este hombre al que esperamos poder ver de nuevo cuanto antes, se ganó a pulso el honor de ser el “tapado” de esta III Edición del Hondarribia Blues Festival, ya que el nombre de Slam Allen, que prácticamente nadie conocía horas antes, fue uno de los más repetidos en los comentarios posteriores a la finalización del festival.


Slam Allen

En cuanto a James Cotton, pues qué decir de alguien que fue consecutivamente tutelado por Sonny Boy Williamson II, Howlin´Wolf y Muddy Waters y que fue capaz de trazar su propio camino en la banda de este último, más allá de la larga sombra proyectada por Little Walter Jacobs. El que es una de las figuras que más ha contribuido al crecimiento de un instrumento aparentemente pequeño como es la armónica, se presentó en Hondarribia a sus 73 años recién cumplidos para demostrar que el que tuvo retuvo y que aunque los años y la vida no hayan pasado en balde, sigue siendo una leyenda viva del Blues, que conoce los resortes que ha de tocar para emocionar a su público. A pesar de que desde que un tumor fuera extirpado de su garganta en 1.994, su voz parece salirle de los sótanos del alma, Cotton hizo por cantar alguno de sus temas emblemáticos y sobre todo, sopló la armónica con ese conocimiento que sólo tienen los que han inventado un arte que cuenta con millones de seguidores por todo el mundo, llegando a erizar el vello de los oyentes en más de una ocasión. Uno de los momentos emocionantes de su actuación llegó cuando por fin pudo hacérsele entrega del “Premio Blueshondarribia”, que recibió de manos de Carlos Malles entre la cerrada ovación del público que abarrotaba la carpa del escenario La Benta. Cotton, al que algunos tachan injustamente de malhumorado y cascarrabias, demostró con su comportamiento tanto sobre el escenario como fuera de él, que es todo un señor que agradece el calor y el cariño que recibe de su público. Un público que finalmente acabó entregado por el gran espectáculo al que había asistido.


James Cotton

El broche final a esta noche lo puso la banda del cantante y saxofonista de Liverpool Albie Donelly, en lo que supuso toda una revelación para los aficionados a los que su nombre no resultaba demasiado conocido, a pesar de que en su currículo consta el haber actuado de teloneros de Chuck Berry, Ray Charles, Fats Domino y B.B. King. Precisamente este último los catalogó en su momento como “La mejor banda europea de R&B” y a tenor de lo visto esa noche, no se equivocaba. Si bien por el número de integrantes no se pueda hablar de “Big Band”,  el papel preponderante que desempeña la potente sección de vientos que encabeza el propio Donelly al saxo tenor y que completan Big Jay Wieching al saxo barítono y Mike Rafalczyk al trombón, nos recordó el sonido de estas grandes formaciones mientras desgranaban un repertorio en el que predominó el ritmo alegre del Swing y el Rhythm & Blues, aunque también tuvo cabida algún estándar del Blues, como un “Mannish Boy” en el que Rafalczyk engatusó al público con una armónica de lo más juguetona.


Albie Donelly y Big Jay Wieching

El resto de miembros de la banda aprovecharon sus oportunidades para brillar y cabe destacar las intervenciones del guitarrista Roy Herrington y el teclista Sascha Kuehn, que además contribuyeron notablemente al trabajo de la sección rítmica formada por Wolfgang “Bolle” Diekmann al bajo y Hardy Fischoetter a la batería. En resumen, un espectáculo de lo más divertido, en el que los presentes pudieron romper el calzado bailoteando y que dejó un muy buen sabor de boca. Ni qué decir tiene que la noche acabó con la acostumbrada Jam Session del Bar Uxoa, coordinada en esta ocasión por The Forty Nighters en la que se consumieron las pocas fuerzas restantes tras jornada tan intensa.


Mike Rafalczyk

Por primera vez, la clausura del Hondarribia Blues Festival se produjo en una jornada dominical que todavía habría de depararnos buenos ratos de música, a pesar de que la lluvia se empeñase en deslucir la sesión matinal en la que se había programado una actuación de la V.O.S. Blues Band en el Puerto Deportivo. Afortunadamente, el cielo dio tregua para los conciertos de la tarde y Los Fabulosos Blueshakers pudieron realizar su segundo pase en la Plaza del Obispo, esta vez ante un público en el que estaban representadas todas las edades y que pudo disfrutar del saber hacer de este cuarteto levantino de estética retro y sonido vintage.


Los Fabulosos Blueshakers Foto: Roser Valls

Comenazaron a echar el cierre al escenario La Benta los hispano-argentinos Tota Blues Band, banda en la mejor tradición del Chicago Blues que encabeza el cantante y armonicista bonaerense Flavio Rigatozzo “Tota”, todo un personaje de la escena Blues barcelonesa que, junto a sus compatriotas Martin J. Merino (guitarra) y Rodrigo Villar (batería) y los locales Jaime Julián (bajo) y Miriam Aparicio (piano), se mostraron como los abanderados del sonido clásico de los años 50 que son, tanto en las versiones como en los originales en los que no dudan en emplear el castellano. A pesar de que lo suyo sean los pequeños escenarios y el contacto directo con el público, con su presencia escénica y buen dominio del espectáculo llenaron las tablas de La Benta y caldearon el ambiente para la que sería última actuación internacional de la edición 2008: Mississippi Heat.


Tota Blues Band

Esta banda, cuyo líder y alma mater es el armonicista de pasaporte belga Pierre Lacoque, se formó en Chicago a principios de los 90 para desarrollar lo que este define como “Blues tradicional con un sonido único” y ciertamente no se me ocurre una mejor forma de calificar su música. Basándose en el Blues de Chicago y en las raíces que lo alimentaron desde el Profundo Sur en el que estas arraigan, Mississippi Heat elaboró un sonido de lo más cuidado a partir de una rítmica extraordinaria, en la que destacó sobremanera Kenny “Beedy Eyes” Smith, digno heredero de su padre, el mítico Willie “Big Eyes” Smith, y probablemente el mejor batería que ha visto en mucho tiempo la ciudad de Chicago. Junto a él, un jovencísimo Stephen “The Kid” Howard, contribuyó a cimentar con sus líneas de bajo las bases sobre las que guitarra, armónica y voz, desarrollaron unas ideas melódicas innovadoras pero que nunca se alejan de su origen en el Blues, ni aun cuando lleguen a flirtear con el funk y los sonidos caribeños.


Pierre Lacoque

En un show que se inició con Pierre Lacoque apareciendo entre el público mientras ejecutaba uno de sus característicos solos de armónica, en los que combina la influencia de los grandes maestros de este instrumento (Little Walter, Big Walter Horton e incluso Jimmy Reed) con aportaciones personales de lo más original, también brillaron Giles Corey, histriónico guitarrista que se agitaba al borde del paroxismo en cada uno de sus solos y al que se le notó la afición por el omnipresente Albert King, así como la vocalista Inetta Visor, una mujer de voz cálida y profunda que se compaginó extraordinariamente con los contrapuntos que a sus versos ponía la armónica de Lacoque. Antes de finalizar su espectáculo, los de Chicago tuvieron el detalle de invitar al escenario a un David Giorgelli, con el que habían coincidido pocos meses antes durante su visita a Barcelona, y este volvió a demostrar lo bien que se agarra a un Blues en cuanto se le da oportunidad.
No obstante, si tuviera que poner un pero a este concierto sería que la menor afluencia de público en relación con la noche anterior, cosa comprensible por tratarse de un domingo de tiempo revuelto, deslució un poco la clausura del festival.


Jam Fin de Fiesta: Inetta Visor, Slam Allen, Kenny Smith y Paco Rubiales Foto: Roser Valls

Clausura que por otra parte tuvo su epílogo en la Jam Session Fin de Fiesta del Bar Uxoa, sin duda una de las más memorables que se han vivido a lo largo de estos años ya que, en los diversos combos que se fueron formando de manera casi espontánea, participaron nada menos que todos los miembros de la James Cotton Blues Band además de casi todos los Mississippi Heat, mezclándose sin ningún reparo con los músicos nacionales participantes y con más de un aficionado poco temeroso (continuará...)


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Re:Hondarribia Flashback
« Respuesta #6 en: 05 Julio 2010, 09:43:25 »
IV Edición: 16-19 Julio 2009

Sin duda, la IV Edición del Hondarribia Blues Festival ha sido, de todas las celebradas hasta la fecha, la que ha alcanzado un mayor éxito y repercusión tanto por la gran afluencia de público, que llegó por momentos a superar las expectativas más optimistas, como por la calidad de los artistas participantes, que contentaron tanto al aficionado más exigente como al que se acercó sin ser un gran conocedor del género para disfrutar de espectáculo musical de grandísimo nivel. Fruto del arduo trabajo realizado en estos años por sus organizadores, la nómina de instituciones y empresas que apoyan este evento no hizo sino incrementarse y así, por ejemplo, se contó por primera vez con el patrocinio de la Kutxa, al tiempo que el grupo Mahou-San Miguel siguió apostando por este festival como escaparate desde el que promocionar su marca Carlsberg.


Fiesta de inauguración  Foto: Roser Valls

Como es costumbre el telón se alzó en la fiesta de bienvenida y presentación que se celebró en el Hotel Río Bidasoa,  en esta ocasión un tanto deslucida por una climatología que, por primera vez, no quiso acompañar. No obstante, mientras la lluvia dio tregua se pudo comprobar que el interés que despierta este evento se ha disparado, ya que la asistencia al acto fue muy superior a la de años anteriores. A ello contribuyó claramente el que en este primer acto ya hubiese programada una actuación de carácter internacional como Donnie Romano Band,  trío italiano que tras interpretar varios temas, se convirtió en la banda de apoyo de  R.J. Mischo y Sonny Rhodes, que por su parte demostraron su buena disposición para que todo saliese a pedir de boca. Mientras R.J. Mischo ofreció una degustación de los platos que serviría al día siguiente en el Escenario La Benta y cuyos ingredientes primordiales vienen siendo la técnica exquisita, el amplio conocimiento y el gran gusto al combinar estilos, Mr. Rhodes se mostró en todo momento cercano y entusiasmado por participar en un evento de estas características.


RJ Mischo Foto: Roser Valls

Deseoso de agradar a un público al que ya había engatusado con su carácter afable, su venerable aspecto y su llamativo traje fucsia, sombrero morado y zapatos a juego incluidos, Rhodes subió al escenario sin miedo al chaparrón que se cernía inminente y desgranó una primera tanda de blues en la mejor tradición tejana, repasando con su personal estilo a maestros como T-Bone Walker, Clarence Gatemouth Brown y Albert Collins. Tras una interrupción pasada por agua, no se hizo de rogar y nos deleitó con una de sus señas de identidad, el Blues interpretado con Lap Steel Guitar y a pesar de que un inoportuno chubasco finiquitó definitivamente la fiesta, Rhodes no tuvo problema en mojarse y solo se resguardó cuando finalizó a su gusto su intervención.


Sonny Rhodes con la muchachada Foto: Roser Valls

El segundo acto, el más jugoso para los que viajaron a la bella localidad guipuzcoana llamados por el Blues más ortodoxo, se inició el viernes con las mismas malas perspectivas atmosféricas que nos despidieron el jueves. Sin embargo, no fue la climatología, solucionada definitivamente a media tarde, la que canceló la actuación de Ian Siegal prevista en el escenario Azken Portu sino la ausencia del británico, que perdió su vuelo. Así pues, fueron Edu Manazas & Whiskey Train los encargados de abrir lo que no dudaría en calificar como una de las jornadas más memorables que han tenido lugar, en los muchos festivales de Blues celebrados en nuestro país en los últimos años.


Edu Manazas

Los madrileños estuvieron a la altura de lo que de ellos se esperaba, pues para eso son una de las bandas con más solera del panorama nacional. De todos es sabido el nivel guitarrístico del Sr. Manazas, pero aún sorprende esa extraordinaria voz que, más que de sus cuerdas vocales, parece proceder de otro tiempo y lugar. Los Phineas Sanchez (bajo), Oskar Gonzalez (guitarra), y Armando Marcé (batería) funcionaron como la maquinaria bien engrasada que son y facilitaron el que D. Eduardo fuera desarrollando ese repertorio de versiones que hace absolutamente personales, con la solvencia y buen hacer con el que nos tiene acostumbrados. Un preludio más que adecuado para ir caldeando el ambiente y preparando al público para el que sería el plato fuerte, no sólo de la jornada, sino de todo el festival: Chicago Blues: A living History.

En primer lugar habría que destacar que esta no es en absoluto la habitual Blues Revue, en la que un grupo más o menos compensado de viejas glorias, interpreta una serie de estándares a veces demasiado trillados. No, definitivamente Chicago Blues: A living History fue otra cosa: un espectáculo bien concebido y sólidamente cimentado a partir del disco homónimo producido por Larry Skoller, con un carácter netamente didáctico y ejemplarizante. Un ambicioso proyecto que muestra de forma amena y dinámica las distintas variantes que el Blues de Chicago ha ido engendrando a lo largo del tiempo, a través de temas emblemáticos de grandes estilistas del género pero sin caer en el recurso fácil del abuso del estándar. A lo exquisito del repertorio se sumó la acertada selección de los músicos encargados de ejecutarlo. Billy Boy Arnold, John Primer, Billy Branch y Lurrie Bell no son solo cuatro figurones en un excelente estado de forma, sino también el enlace directo entre tradición y presente del Blues de Chicago, porque en buena medida han sido protagonistas de su evolución en las últimas 5 décadas.


Chicago Blues: A living History

En cuanto a la banda seleccionada para arroparles en su misión, no imagino una que cumpliese mejor con su trabajo, por su calidad, versatilidad y dominio de las distintas variantes del estilo. Tanto el joven pero veterano pianista Johnny Iguana (Junior Wells, Eddie Shaw, Otis Rush, Koko Taylor, Carey Bell, Byther Smith,…), como el polifacético guitarrista Billy Flynn (Jimmy Dawkins, Snooky Pryor, Little Smokey Smothers, Easy Baby, Mississippi Heat….) y por supuesto, esa arrolladora sección rítmica formada por Felton Crews al bajo y el maravilloso batería Kenny “Beedy Eyes” Smith, por segunda vez consecutiva en el festival, se movieron con absoluta soltura, precisión e inspiración, en todos y cada uno de los palos interpretados. Mencionar que también se contó con la presencia del armonicista Matthew Skoller, que además de ejercer como maestro de ceremonias, aportó su ración de clasicismo en algún que otro tema. En un viaje que nos llevó desde los años 40 hasta la actualidad, estos músicos fueron combinándose en todas las variantes posibles: solistas, dúos, tríos, cuartetos, quintetos hasta llegar al apoteósico final con todos sobre el escenario.


Kenny Smith

De lo mucho y bueno que hubo, destacaría el Boogie woogie a la Big Maceo Merryweather con el que Johnny Iguana abrió el espectáculo; la escalofriante interpretación que Billy Boy Arnold hizo del “My Little Machine” de su primer maestro, John Lee “Sonnyboy” Williamson; el propio Arnold rememorando su éxito de 1955 “I wish you would”; el paseo por el South Side de la mano de un extraordinario John Primer al slide, tanto por Muddy Waters como por Elmore James; la sencillamente lacrimógena, por emotiva y arrastrada, revisión del “My love will never die” de Otis Rush a cargo de Lurrie Bell; los sonidos más modernos y cercanos al funky de los que el propio Bell y Billy Branch son pioneros y sobre todo, la interpretación que a dúo hicieron de su tema de 1977, “The Berlin Wall” y en la que Lurrie Bell demostró a golpe de pulgar, que es uno de los bastiones que mantienen vivo el West Side Sound en la actualidad.


Billy Boy Arnold

Si bien la duración de este show fue adecuada en el contexto de un festival (casi hora y media), para muchos se figuró demasiado corto y cuando aquello culminó con el elenco al completo interpretando "The blues had a baby and they call it rock and roll", quedó la sensación de estar despertando de un sueño que no importaría retomar una y otra vez. En resumen, un maravilloso espectáculo que quedó grabado en nuestras retinas como uno de los mejores (si no el mejor) que hemos podido disfrutar en nuestro país en los últimos años.


Mathew Skoller, John Primer & Lurrie Bell

Con el listón situado a una altura estratosférica, parecía harto complicado que se pudiera mantener semejante nivel de calidad y emoción. Sin embargo, en lo que fue un gran acierto de programación, tras la lección magistral de los doctos chicagueros llegaron dos catedráticos como R.J.Mischo y Sonny Rhodes, para impartir su parte de temario no menos grato e interesante. Nuevamente hay que destacar la profesionalidad del trío transalpino Donnie Romano Band, que supo llenar un escenario de considerables dimensiones como si de una banda más numerosa se tratase. Con sus primeros temas, inspirados en el sonido tejano más contemporáneo, dieron el golpe de timón adecuado para situarnos en los terrenos que habrían de transitar los siguientes músicos en intervenir. R.J. Mischo se mostró como el gran armonicista que es, probablemente el más representativo junto a Mark Hummel y Gary Smith de la escuela californiana que tiene sus principales referentes en Rod Piazza y William Clarke, sin olvidar por supuesto a los clásicos como George “Harmonica” Smith. Además de demostrar su técnica exquisita, sacándole todo el partido posible a la armónica diatónica con dosis de virtuosismo asimilables para el público menos acostumbrado, dejó patente su dominio del escenario, su grandes dotes como cantante y, como en el aperitivo del jueves, su habilidad para combinar con gran gusto variantes estilísticas que conoce a la perfección.


R.J. Mischo

No tardó mucho en subir a escena Sonny Rhodes, enfundado esta vez en una diablesca levita encarnada, para confirmar algo que ya vislumbramos en la presentación del festival: a sus 68 años, Mr. Rhodes se reivindica como el gran bluesman tejano que es y que, por motivos que se escapan, no ha alcanzado el reconocimiento que por su jugosa y dilatada carrera merece, hasta hace relativamente poco tiempo. Si bajo la lluvia se mostró reacio a bajar del escenario, a cubierto parecía inasequible al cansancio. Tras unos primeros temas en los que tocó su Fender Stratocaster, igualmente encarnada, tomo la Lap Steel y ahí es donde se gustó mientras iba enlazando temas que hicieron las delicias del personal, incluyendo a un Billy Branch que ejercía de forofo desde el foso. Como no podía ser de otra manera, el armonicista acabó sumándose al cotarro y ambos nos deleitaron con un mano a mano memorable que nos encaminó hacia el final de una jornada, en la que los intervinientes acabaron con los bolsillos llenos de público.


Sonny Rhodes con Billy Branch Foto: Roser Valls

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Re:Hondarribia Flashback
« Respuesta #7 en: 05 Julio 2010, 09:45:14 »
Por fin el sábado amaneció con un Sol espléndido, que acompañó las actividades de aquel día marcado en la agenda de muchos como el de la visita de John Mayall a Hondarribia.

Con la sensación de que difícilmente se podrían alcanzar las cotas de éxtasis alcanzadas el día anterior, los afortunados que asistieron a la comida ofrecida en el Hotel Río Bidasoa pudieron comprobar los enormes progresos realizados por Tota Blues Band, que también repetían participación. Desde la admiración que produce su empeño de recrear con la mayor fidelidad posible los sonidos de una época dorada para el Blues, como son las décadas de los 40 y 50, hay que rendirse ante la evidencia de su crecimiento como banda. En esta ocasión, los integrantes fueron un Rodrigo Villar extraordinario a la batería, un Martín J. Merino que por motivos de personal tuvo que encargarse del bajo, con el que estuvo más que correcto, una Miriam Aparicio que dejo constancia nuevamente de su elegancia al acariciar las teclas y un Tota que crece a ojos vista como armonicista y cantante. Sin embargo, habría que resaltar al que fue una de las revelaciones del festival: el guitarrista Oscar Rabadán, que dejó patente su gusto por el estilo tejano y transitó con paso firme por el sendero trazado por bluesmen de la talla de Guitar Slim y Johnny “Guitar” Watson, sin olvidar al más cercano Jimmie Vaughan.
La inevitable Jam Session de sobremesa la iniciaría el siempre grande Mingo Balaguer, al que siguieron varios miembros de las formaciones de John Mayall e Ian Siegal. Sin duda, la intervención de este supuso un auténtico bombazo que hizo temblar los cimientos de toda la manzana. Escoltado por sus impresionantes tatuajes de Muddy Waters y Howlin´Wolf, se lanzó a interpretar un “Long Distance Call” brutal y en el que a falta de slide, uso primero una botella de agua de litro y medio, que cambió luego por un vaso de tubo, para enloquecimiento generalizado de los comensales.


Ian Siegel, Tota, Nikolaj Bjerre, Andy Graham y Miram Aparicio

Con estos antecedentes y tras el Meet & Greet, en el que John Mayall dio muestras de su carácter un tanto huraño y esquivo, el programa continuó en la Plaza del Obispo, donde Ian Siegal dio muestras de su amplísimo conocimiento de la música de raíz americana. Fiel a sí mismo cuando se define como músico de Rock & Roll, ofreció un repertorio ecléctico en el que repasó temas de Johnny Cash, Bo Diddley, Junior Parker y Tom Waits, entre otros. Además de destacar las facetas de cantante y guitarrista del británico, hay que hacer mención especial a la labor de sus músicos, Andy Graham al bajo y especialmente, Nikolaj Bjerre a la batería. Aunque a decir verdad, este planteamiento dejó algo fríos a los que habían asistido a su demostración tras la comida, el inglés aún guardaba un as en la manga, que mostraría más tarde.


Ian Siegal

Sin embargo, hasta que llegase ese momento, todavía habría que asistir a la clausura del escenario La Benta, absolutamente abarrotado por la presencia de John Mayall & The Bluesbreakers. La difícil papeleta de abrir para esta auténtica leyenda del Blues-rock británico, le tocó en suerte a los vallisoletanos Bluedays, que cumplieron satisfactoriamente con su cometido ya que son una banda de sobrada experiencia y profesionalidad, que practica un Blues fiel a los cánones al tiempo que asequible para todos los públicos.


Bluedays

De la actuación del “Padre del British Blues”, al que como tal se le rindió homenaje con la entrega del "Premio Blueshondarribia", decir que se ciñó a lo que de él se esperaba. A sus 76 años, Mayall se encuentra en una forma física más que aceptable y defiende dignamente un repertorio en el que intercala temas propios con alguno de esos clásicos que muchos conocen gracias a él (“Hideaway” o “All your love”, por ejemplo). No puede negarse que se empleó para agradar al numerosísimo público que se dio cita para verle e hizo gala de su faceta de multiinstrumentista, tocando teclados, guitarra y armónica. En cuanto a su peculiar voz, no desentonó a pesar del correr de los años. Respecto a los Bluesbreakers, se pudo ver nuevamente al teclista Tom Canning, que ha formado parte de la banda de forma intermitente, pero no al guitarrista tejano Buddy Whittington, al que su sustituto Rocky Athas no consiguió hacer olvidar. En la sección rítmica destacó el bajo de Greg Rzab y aunque se echó de menos al que durante muchos años ocupó la batería, Joe Yuele, no puede decirse que su sustituto Jay Davenport desentonara en absoluto. En líneas generales, nadie que estuviera al tanto de la trayectoria de John Mayall en los últimos tiempos, pudo sentirse defraudado una vez finalizado el concierto que, por otro lado, el de Macclesfield tuvo el detalle de realizar ataviado con la camiseta oficial del festival.


John Mayall & Rocky Athas

La clausura del escenario La Benta corrió a cargo de Dwayne Dopsie & The Zydeco Hellraisers, los cuales pusieron un punto final festivo al día y desde luego, enloquecieron al personal con su trepidante y decibélico show, en el que el acordeón de Dopsie y la washboard de Rodney Sam acapararon un protagonismo que sólo discutió, en algunos momentos, Chad Weller con sus rompedoras intervenciones guitarrísticas. A decir verdad, su revisión contemporánea del Zydeco no convenció a los que esperaban una música más cercana a la tradición de la Louisiana, aunque su espectacularidad e interacción con el público, compensó a la mayoría de los presentes. Completaron la banda Curnis Andrus al saxo y los hermanos Glenn y Calvin Sam, bajo y batería respectivamente.


Dwayne Dopsie & The Zydeco Hellraisers

Mientras se apagaban los rescoldos dejados por los incendiarios louisianeses, Tota Blues Band intentaba coordinar una Jam en el Pub Uxoa que, aunque empezó bien con la presencia de Mingo Balaguer emulando a Billy Boy Arnold y su “I wish you would”, acabo teniendo que ser reconducida a actuación de los hispano-argentinos, en parte por lo atestado del local, en parte por la extraña concepción del Blues que tuvieron algunos de los participantes que subieron a escena.


Oscar Rabadán Foto: Roser Valls

La última jornada del festival, más relajada por ser dominical, permitió disfrutar del bello entorno, la exquisita gastronomía y el magnífico ambiente, aunque en lo musical también deparara intensas sensaciones. Así, La Jove Dixieland Band, formación castellonense impulsada por el profesor y trompetista Jordi Ibert, que ya el día anterior habían impartido un concierto pedagógico en la Plaza de Armas, completó su participación en el festival con una actuación matinal en el Puerto Deportivo y finalmente, con un pasacalle vespertino que paseó la diversión y el jolgorio característico de la música tradicional de Nueva Orleans por el centro de la villa.

La sesión de tarde se completó con dos actuaciones que coincidieron en el tiempo. Por un lado, los pucelanos Bluedays, jóvenes veteranos con una dilatada trayectoria en el circuito nacional,  interpretaron su variado repertorio en la Plaza del Obispo, ante un público en el que abundaba la chiquillería. Tal y como ya hicieran en el escenario La Benta, demostraron que son una banda dinámica, altamente compenetrada y elegante, que con su sonido hacen muy asequible el Blues a los oídos menos acostumbrados, lo que les convierte en un valor seguro en eventos de esta índole. Como siempre, Carlos Sanz sorprendió por la entrega con la que canta y con la guitarra mostró su predilección por los maestros tejanos como Albert Collins y Johnny Copeland. En esta labor estuvo muy bien auxiliado por Fernando Martín, un guitarrista sobrio en las labores rítmicas pero que ataca con pasión las cuerdas cuando de solear se trata y que arrancó no pocos aplausos, y por supuesto, por la sólida sección rítmica que componen Jorge Otero "Jafo", bajista de gran altura física y musical, y el convencido baterista Rubén Lázaro. Uno de los puntos culminantes de su actuación se alcanzó cuando invitaron a Edu Manazas a que les acompañara en un par de temas, en los que se pudo disfrutar del inevitable duelo de guitarras con semejante trío de “hachas” sobre el escenario.


Jorge Otero "Jafo" con Edu Manazas Foto: Roser Valls

Simultáneamente, Miguel Angel Julián, que fuera vocalista de aquella legendaria banda de Soul llamada Cool Jerks, se presentaba en la Plaza de Armas junto con el pianista Luka Frasca para interpretar un repertorio basado en la música negra de los años 60 y 70, en el que obviamente predominó el Soul, puesto que ambos son la versión acústica y reducida de la banda Soul Tellers que encabeza este vocalista español afincado en el Reino Unido.

La última traca de esta edición del Hondarribia Blues Festival se quemó, como no podía ser de otra forma, en la fiesta de despedida que tuvo lugar en el Bar Uxoa y que se inició con el locutor de Radio 3 Jose Mª Rey, ejerciendo de DJ y amenizando al personal con una selección de Soul, Funk y R&B, que regaló muchos oídos y meneó más de un esqueleto. Un buen entrante para lo que vino después y que fue uno de los grandes “pelotazos” de todo el festival: Ian Siegal.


Ian Siegal Foto: Roser Valls

Aunque Siegal se presentara con la pierna derecha escayolada de rodilla para abajo, debido a la fractura de tibia y peroné que le provocó una inoportuna caída sufrida la noche anterior (y de la que pudo salir peor parado, a tenor de la altura de la que cayó) esto no fue en absoluto impedimento para que se mostrase en todo su salvajismo. Con una contundencia inaudita, el británico interpretó un Blues provocador, sucio, obsceno y por momentos macarra, que acentúa con su estética de Mickie Rourke resudado de Varon Dandy mezclado con Jack Daniels y gasolina de 95, con plomo, por supuesto. Apoyado por sus tatuajes de Howlin´Wolf y Muddy Waters, se agarró al repertorio de ambos y entre otras perlas, nos obsequió con un “Mannish Boy” llevado a “Hoochie Coochie Man” que debía tener tres rombos, por lo menos, y con una revisión triple X del “Nineteen years old”. Toda una barbaridad que sacudió las entrañas de más de uno y que afortunadamente reservó para cuando los niños habían marchado a la cama. Llevado por el éxtasis, Siegal terminó su demostración de cómo se toca el Chicago Blues más canalla olvidando su escayola y salió de allí andando como si tal cosa, para regresar poco  después y sumarse a una Jam en la que primero participaron Dwayne Dopsie & The Zydeco Hellraisers, y que cerraron Tota Blues Band.

Indudablemente, un colofón perfecto para la última edición de un festival que, de seguir así, no tardará en salirse del mapa.
 

Dwayne Dopsie & Carlos Malles

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Re:Hondarribia Flashback
« Respuesta #8 en: 05 Julio 2010, 10:44:46 »
Epílogo

Una vez que hemos echado la vista atrás y apreciado el camino recorrido, llegó el momento de mirar hacia adelante, ahora que estamos en vísperas de la Edición 2010 del Hondarribia Blues Festival. Una edición que en cierto modo tiene algo de retrospectiva, ya que en su cartel participarán varios músicos que repetirán presencia. Así, Bob Margolin podrá observar cómo ha crecido aquella criaturita que vio nacer hace cuatro años y no será raro que se enorgullezca de ella, ya que en cierto modo es uno de sus padrinos. Como Fede Aguado & Osi Martinez, participantes también de aquella primera edición y que repetirán experiencia. También se verá de nuevo a Willie “Big Eyes” Smith y a su hijo, Kenny “Beedy Eyes” Smith, en lo que será la tercera participación de este, con tres bandas diferentes. Por desgracia, a última hora, la delicada salud de Hubert Sumlin le impedirá ser otro de los “repetidores” en el Festival, aunque sin duda su figura será recordada durante los días que dure este.

Por supuesto, tampoco faltará en esta ocasión la emoción que supone homenajear a una gran leyenda del Blues y el ”Premio Blueshondarribia”  recaerá en Pinetop Perkins,  mítico pianista nacido en Belzoni, Mississippi, nada más y nada menos que el día de San Fermín de 1.913. A punto de cumplir 97 años, Perkins es uno de los músicos de más largo recorrido de los que siguen en activo, ya que inició su carrera allá por 1.927.  Y a pesar de que no reciban premio, su parte de reconocimiento no les va a faltar a Bob Stroger, uno de los bajistas clave del Blues de Chicago a partir de finales de los 50, ni al virtuoso armonicista ganador de un Grammy Sugar Blue, como tampoco a Magic Slim & The Teardrops, la banda que con más ahínco y acierto han mantenido vivo el estilo conocido como West Side Sound. Como vivo a mantenido el Soul el que es su monarca indiscutible, Solomon Burke, uno de los platos fuertes del festival.

Todo un cartelazo en definitiva, al que se suman Los Reyes del KO, The Reverendos, The Blues Hackers, Phillip Menard, La Jove Dixieland Band y la que creemos puede ser banda revelación, The Cash Box Kings.

Pero por si no fuera ya bastante, Hondarribia acogerá la European Blues Conference, principal reunión gremial que se celebra a nivel europeo, en lo que es un claro reconocimiento a la trayectoria de este festival que, parece mentira, va tan solo por su V Edición.

Así que, siendo esto todo lo que yo podía contar, y que creo que no ha sido poco, me resulta difícil poner fin a una historia cuya continuidad es tan obvia, a la vista de las circunstancias. Sólo queda agradecerte que hayas llegado hasta aquí, demostrando que tu interés tampoco es pequeño y desear que, si no en esta, en la siguiente o en la siguiente, podamos vernos en ese paraíso del bluesero que por unos días es la bella Hondarribia, pentatónica de corazón e inasequible a los contratiempos.
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